Mejorando la Conducción

Todo esquiador que se precie debe dominar la conducción, tanto sobre ruedas como con los esquís. Conducir es sinónimo de dirigir con precisión nuestra trayectoria, trazar exacta- mente por donde queremos dibujando una línea óptima, sin derrapar ni desviarnos. En el coche, la tecnología nos ayuda a viajar con seguridad. Ayudas a la conducción como la transmisión a las cuatro ruedas o los sistemas de control de tracción y de frenada son esenciales para garantizar la estabilidad en todo momento.Esquiando, la técnica es fundamental. El viraje conducido es aquel que se efectúa deslizando sobre los cantos, trazando una curva perfecta sin derrapar. Es la culminación de la técnica, el control total de los esquís. ¿Qué objetivo perseguimos con una buena conducción? Principalmente controlar la trayectoria que queremos llevar a cabo; y hacerlo de la manera más eficaz posible, ahorrando energía, esfuerzo y, lo más importante, disfrutando al máximo

Para conseguir conducir los esquís durante todo el viraje, en el inicio de la curva debemos buscar la inclinación de nuestro cuerpo, proyectando el centro de masas hacia el interior de ésta. De este modo conseguiremos una efectiva toma de cantos desde la parte inicial del viraje, hasta alcanzar la línea de máxima pendiente.

Una de las claves para conducir los esquís durante toda la curva está en la gradualidad y progresividad de nuestros movimientos. Si actuamos con brusquedad o con gestos excesivos -o por el contrario nos mantenemos estáticos, no transmitiremos las órdenes ni las fuerzas adecuadas a los esquís. Hay que tener en cuenta que deberemos vencer la gravedad, la aceleración de la primera fase de la curva y aumentar la potencia ejercida sobre nuestros esquís para ser eficaces en la conducción y lograr una trazada precisa.

La fase final de la curva la define el movimiento de la angulación. Con la angulación regulamos la toma de cantos y la presión sobre el esquí, lo que nos permitirá controlar la trayectoria de la curva en todo momento. En función de la carga que realicemos sobre el esquí exterior, cerraremos más o menos el viraje. Si efectuamos correctamente todos los movimientos, el resultado será un viraje perfectamente conducido y los esquís nos propulsarán en busca de la siguiente curva en cuanto liberemos la presión sobre ellos.

Bajo Control

El esquí es un deporte de velocidad y ello conlleva, inevitablemente, ciertos riesgos. Del mismo modo que una distracción al volante puede resultar catastrófica, la falta de atención y no respetar las normas básicas sobre los esquís puede tener consecuencias no deseadas. En el coche, la tecnología y los elementos de seguridad, tanto pasiva como activa, se encargan de minimizar los peligros. Esquiando también podemos y debemos tener en cuenta algunos consejos básicos, que nos ayudarán a mantener la situación bajo control en todo momento y harán de nuestro deporte favorito una actividad más segura.

MIRAR LEJOS

A lo largo de un descenso debemos ser capaces en todo momento de mirar al frente y ‘leer’ la trayectoria escogida antes de realizarla; así podremos anticipar nuestros movimientos ante cualquier imprevisto. Esquiar mirándonos los pies nos hace menos eficaces, impidiendo la anticipación. No sólo se trata de hacer una lectura del terreno, sino también de la trayectoria de los demás esquiadores y de cualquier otra circunstancia. Nuestros movimientos han de adaptarse constantemente y sólo lo conseguiremos con una actitud proactiva de anticipación que, por supuesto, alcanzaremos más fácilmente si levantamos la mirada del suelo.

CANTOS EN BUEN ESTADO

Como rezaba el lema de una prestigiosa marca de neumáticos, “la potencia sin control no sirve de nada”. En un coche, poco ayudará la tracción total si en carreteras nevadas no calzamos neumáticos de invierno. En el esquí, unos cantos en buen estado equivalen a equipar unos neumáticos adecuados. Tanto en la carretera como en la nieve, no podremos realizar una buena conducción si nos falta agarre. De aquí la importancia de revisar periódicamente cantos y suelas, del mismo modo que revisamos el estado de nuestros neumáticos. Con el uso, los cantos se desgastan y es necesario repasarlos para que recuperen el filo. Unos cantos en mal estado convierten un buen esquí en un mal esquí. La decisión para evitarlo está en tus manos o, mejor dicho, en el taller de reparación.

CONTROL DE LA VELOCIDAD

Adecuar la velocidad a nuestro nivel técnico y a circunstancias como la pendiente, el estado de la nieve o la presencia de otros esquiadores es necesario para evitar imprevistos. Hay que tener en cuenta los momentos en los que tenemos ángulos muertos en nuestro campo de visión, saber cuándo debemos reducir la velocidad y siempre respetar las señalizaciones ubicadas en cruces o aquellas que indiquen peligro o cualquier otra advertencia. De esta forma evitaremos ponernos en riesgo a nosotros mismos y al resto de esquiadores, minimizando la posibilidad de accidentarnos.

APRENDER CON UN PROFESOR

Adquirir el nivel técnico que te permita esquiar con seguridad es misión imposible sin un profesor que te guíe y te muestre todos los secretos del esquí. Un profesional formado podrá enseñarte la mejor técnica y te ayudará a llegar a ella con la metodología adecuada. La fórmula “mayor nivel = más seguridad y más disfrute” es una realidad incuestionable. Un profesor titulado nos ayudará a mejorar y a seguir evolucionando en nuestra progresión técnica, hasta donde estemos dispuestos a llegar. No lo dudes, ponerte en manos de un experto es la mejor inversión que puedes hacer en el esquí.

Agradecimiento a la Revista:

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